20 de septiembre de 2010

Labordeta, siempre en la memoria

Ahí estás, en el salón San Jorge del Palacio de la Alegría, detrás de las falsas yeserías árabes (las auténticas se las llevaron al Museo Arqueológico Nacional de Madrid), acompañado por los miles de aragoneses que te hemos ido a saludar por última vez.

Ahí estás, haciendo un último servicio a Aragón, sacando los colores una vez más a los de siempre, a los que jamás resistieron cualquier comparación contigo, denunciando con tu silencio la hipocresía, la docilidad y la apatía de los que mandan o mandarán.



Ahora dicen que quieren poner tu nombre al Parque Grande, ojala sea así. También se podría cambiar de una vez el nombre de Parque de Macanaz, y dejar de ofender a los aragoneses dedicando un buen parque de Zaragoza al ministro de Felipe V (IV de Aragón) que fue el verdugo de los Fueros de Aragón.

También ha llegado la hora de que tu Himno a la Libertad sea el himno de Aragón. A ver si ahora que te has muerto lo permiten…

En cualquier caso, los aragoneses te llevaremos siempre en el corazón y tus palabras y tu recia voz nos permitirán mantener la esperanza de que otro Aragón es posible.

Que el viejo dios Moncayo te ampare, amigo.

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